Hay casos que se quedan contigo cuando apagas el ordenador. Situaciones en las que notas que algo no estás terminando de ver, pero no encuentras el ángulo. Familias con las que llevas meses y la intervención no acaba de arrancar.
Eso no te hace peor profesional. Te hace alguien que trabaja con personas reales, no con manuales.
La supervisión existe para tener un lugar donde pensar el caso con alguien que te ayude a ver lo que, desde dentro, es imposible ver sola.
Modalidad Individual:
Para cuando necesitas trabajar un caso concreto, revisar cómo estás interviniendo o simplemente ordenar lo que tienes. Espacio para ti sola, sin audiencia.
Modalidad Grupal:
Un grupo pequeño. Plazas limitadas. Porque escuchar cómo piensan otros casos profesionales abre la mirada de una manera que no tiene equivalente. Muchas describen este espacio como el único lugar donde dejan de sentirse solas frente a lo que traen.